jueves, 15 de noviembre de 2012

El engaño del ego.


No es el más fuerte de las especies el que sobrevive, tampoco es el más inteligente el que sobrevive. Es aquel que se adapta mejor al cambio. (Charles Darwin)



Muchas veces se habla del comportamiento humano como algo impredecible. Pero la realidad es que no lo es tanto. Parte de culpa al aceptar esa máxima la tiene nuestro propio ego. Todos nos creemos diferentes, originales, especiales... Pero la experiencia y ciertas investigaciones que llevé a cabo por más de cinco años demostraron que no es así.


Se ve mucho mejor cuando somos engañados por alguien a quien conocemos. En realidad, es muy difícil que alguien nos engañe en algo importante si mostrar “ciertos síntomas antes”. La respuesta a por qué lo consiguen es sencilla. Como nosotros somos especiales, nuestros amigos y familiares, por supuesto también lo son. Así que cuando esos “síntomas” aparecen; de forma casi automática nos decimos: "Si se tratara de cualquier otra persona está claro que quiere jugármela, pero se trata de mi amigo y, por supuesto, él es diferente, esos síntomas en él no significan lo mismo que en el resto". Evidentemente cuando termina de jugárnosla nos tiramos de los pelos por idiotas.

Aceptar que ni siquiera nuestra personalidad es única y que hay mucha gente por ahí con personalidades parecidas y los mismos miedos y anhelos. Exige una revolución en nuestro interior que pocas veces estamos dispuestos a asumir.


Cuando lo conseguimos sin embargo, el estrés y el excesivo estado de alerta desaparecen. Saber que a todas las personas se nos puede dividir en cinco o seis grupos según nuestros rasgos de personalidad nos allana el camino para decidir que determinaciones tomar respecto a quien y cuando.


En Wing Chun, pasa algo parecido respecto a las fintas y engaños. Si nos dejamos hipnotizar por los juegos malabares que el adversario pueda hacer con sus manos y pies estamos perdidos. Así que reza la canción: “Yo sigo tu centro, no tus manos”. Y en ese momento podemos clasificar al adversario por su altura, peso y unas pocas cosas más. Dejando la mente libre para otros menesteres.


El genio o genios que inventaron el Wing Chun sin duda comprendieron, que las personas entre sí a penas somos diferentes. Por lo que pudieron crear “respuestas universales”. Y paliar las pequeñas divergencias entre unos y otros. Con algo que solo se puede obtener teniendo la mente liberada. El poder de adaptación. Y la mayoría de ejercicios en Wing Chun van en este sentido.

J. R. Moreno.


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