lunes, 2 de abril de 2012

LA OTRA CARA DEL ESTRÉS.

Todos hemos sufrido estrés alguna vez, en la vida de muchos de nosotros se ha instalado de una forma rutinaria y a menudo es algo con lo que tenemos que convivir a diario, a pasado a ser parte de nuestras vidas.

El estrés es una situación que casi todo el mundo conoce y que se valora siempre de una forma negativa porque sufriendo este de una forma crónica, o de manera intensa puede acarrear serios problemas de salud, entre los que cabe destacar ansiedad, insomnio, estados de alteración y nerviosismo, falta de concentración, etc... y lo que es peor pueden desencadenar enfermedades crónicas en nuestro organismo, a pesar de ser una respuesta natural y necesaria para la supervivencia y que de forma errónea se a convertido en una patología, por ser algo que aparentemente no podemos controlar.


Suele aparecernos por el apremio al que nos lleva la falta de tiempo, quién no a llegado tarde a una cita alguna vez, otras veces por la presión de la competencia, quizá en el ambiente laboral que suele ser donde más vulnerables somos o incluso por las valoraciones críticas de nuestros semejantes se pueden crear situaciones incómodas o desagradables.


El estrés es una reacción fisiológica del organismo que activa diversos mecanismos de defensa ante situaciones que se perciben como amenazantes o difíciles para el individuo, y que dependiendo de la capacidad de resolución de este puede prepararnos para la huida o el enfrentamiento ante situaciones adversas en las que precisan una demanda importante y cuyas protagonistas de este complejo sistema para prepararnos ante dicha situación son las hormonas adrenalina, noradrenalina y cortisol las cuales se segregan a través de las glándulas suprarrenales tras dar el aviso al hipotálamo en una situación de “peligro” o no, y cuya señal se envía a través del sistema nervioso parasimpático para que las glándulas segreguen estas hormonas que son las culpables de provocar un aumento en el riego sanguíneo, la aceleración de nuestra respiración, sudoración, taquicardia, midriasis (dilatación de las pupilas), etc...


Pero el estrés tiene otra cara, si nos sometemos a él, de una forma controlada y, durante períodos cortos de tiempo, como hacemos en nuestra escuela de wing chun. De esta forma, no sólo estimulamos nuestra capacidad de aprendizaje, sino que también aprendemos a no estar en un constante estado de alerta (y no necesariamente hablamos de conflictos físicos). Por lo que podemos salir airosos de cierta situaciones, sin que lleguen a significar más de lo que realmente son.

Jesús Cerdá Ángel

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