lunes, 16 de enero de 2012

Wing Chun a escondidas.

Es de todos sabido que entrar en una de las asociaciones de Wing Chun implica no poder entrenar con las demás o hacerlo a escondidas. Es una ley no escrita, bueno... que yo sepa al menos en una de ellas, cuando llegas a cierto grado, si que hay algo escrito que tienes que firmar, pero a lo que iba... ¿Qué es lo que nos ocurre a todos? ¿Nos estamos volviendo locos? ¿Somos maestros, profesores, si-fus, etc, o, jefes intolerantes de sectas destructivas? Ni siquiera los partidos políticos españoles llegan a ese grado de control ¡por dios!


He tenido y tengo alumnos que vienen a mis clases y que cuando alguien quiere hacer unas fotos, huyen a esconderse en cualquier lado para no aparecer, incluso cuando soy yo el que quiere grabar algo, me piden con cara de susto, muy respetuosamente eso sí, el no aparecer en las imágenes.

Más sorprendente fue todavía, que un alumno que tenía que recorrer más de 500km para acudir a mis clases privadas, me pidiese por teléfono que le buscase unas horas en las que ni a la entrada ni a la salida pudiese coincidir con ninguno de mis otros alumnos.

Y esto no es exclusivo de los alumnos. También he entrenado con instructores que me han pedido con antelación que nunca desvelara que me habían dado clases, cuando han sabido que yo pertenecía a otra asociación diferente a la de ellos.

En este sentido recuerdo también lo cómico que resultó el intercambio de conocimientos con un profesor británico de la rama de Yip Chun:

Mi ingles es más que limitado y él no hablaba nada de español, nos había presentado un amigo mutuo que muy amablemente también nos dejó un lugar para entrenar junto a su negocio. Mi sorpresa fue que cuando llegué, el día y a la hora acordados, este no quería mover ni un músculo. Sólo se esforzaba en repetir una palabra en español que yo creí entender como: “Esperar, esperar” y estuvimos ahí parados casi un cuarto de hora hasta que llegó nuestro amigo común. Quería que me explicara que no podía decir nunca que él me había enseñado nada y ni siquiera que le conociese. ¡Y que tenía que prometerlo! De hecho, aunque no hablo inglés, si que pude intuir que mi amigo tuvo que dar la cara por mi, en el sentido de que cumpliría mi promesa. Según me comentó mi amigo después, todo fue porque había pensado, que aunque le había dicho que yo ya no estaba en la organización con la que había empezado, no estaba seguro de que a su maestro le gustase si se enterara, ya que este "gran maestro" y el "gran maestro" de mi antigua organización, no se llevaban nada bien.


Lo cierto es que aprendí mucho con él. Siento no poder nombrarlo aquí para agradecérselo.


Por supuesto, mi palabra es ley y, aunque no esté muy de acuerdo con este tipo de cosas, siempre seré más que discreto.


De todas formas, mis preguntas siguen abiertas.


A lo mejor yo soy el equivocado, pero creo que para aprender de quien sea, lo único que tiene que hacer el alumno es pagar las clases. Y por supuesto lo único que el maestro ha de hacer, es aquello por lo que se le paga. ENSEÑAR. A este respecto puedo decir que he asistido a cursos en los que ponerme a entrenar cosas avanzadas con los demás era casi un sacrilegio y he sido trasladado con los alumnos noveles simplemente por eso. Como si fuese un espía que quisiera robarles su coreografía avanzada.


Exigir, respeto, devoción y aplausos porque sí, es otra de las cosas que simplemente no me parecen justas ni éticas.
Hace mucho tiempo, un gran amigo me dijo: “¿Respeto? Yo soy educado y considerado con todo el mundo, pero si alguien quiere mi respeto tendrá que ganárselo. Normalmente cuando alguien exige respeto es que no es muy de fiar”. Y he seguido esa frase a pies juntillas. Es por eso que he sido muy difícil de “sectarizar”. Mi único objetivo ha sido siempre aprender todo lo posible. Y la hora de dar clases mi objetivo es realizar bien mi trabajo y que el alumno aprenda. ¡Nada más!


Me importa un pimiento que muchos digan que soy muy caro. Cobro lo que creo justo por un trabajo justo. Yo no exijo aplausos ni reverencias, algunos las hacen simplemente porque les apetece, pero no están obligados ni hoy, ni nunca. A lo único que están obligados es a pagar mi minuta cuando la clase ha terminado...

J. R. Moreno.

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