domingo, 16 de octubre de 2011

REFLEXIONES DE MI PRIMER DÍA DE CLASE RMWINCHUNG

      Mi primera clase de iniciación de este viernes tarde-noche:

Llegué al pabellón con cierta incertidumbre y curiosidad porque aunque no soy una persona agresiva ni que trate de resolver las vicisitudes de la vida de forma violenta, sí tenía cierto interés por las virtudes del método. Especialmente por lo del autocontrol y la parte de meditación.

La verdad es que me sorprendió gratamente porque en cuanto pasaron los primeros cinco minutos y por fin me “lancé” a participar, me di cuenta de una cosa sorprendente: “La base es algo sencillo ... son movimientos muy simples” pero lo importante es hacerlo correctamente, ... vamos que mi cabeza me decía: “pero si es muy sencillo”, ... pero mi cuerpo se resistía y empezó una lucha interna por superarme a mí misma. Con ayuda del profe, que estaba muy pendiente y constantemente atento a las dudas de todos y cada uno de nosotros/ as, empecé a ver “ciertos” progresos en mis movimientos que llevaron a animarme y a querer seguir aprendiendo. También fui consciente de que no se trata de actuaciones agresivas, siempre y cuando la otra persona no provoque este tipo de reacciones.

Y lo que más me gustó fue que en los orígenes, el método había sido creado por una mujer, es decir por alguien “aparentemente” más débil y sin embargo capaz de poder defenderse y de “sentirse capaz de poder hacerlo”, de cierta confianza en mí misma que en principio pudiera ser física pero que empecé a notar que también podría ser mental.

Por otro lado, al final de la clase hubo un momento “zen” (para mí), fue cuando nos mostraron la “forma” y que todos tratamos de imitar. El notar cómo uno es consciente de cada trocito de nuestro cuerpo, y conscientes de que según cómo nos movamos, podemos sacarle partido y sobre todo ... ser consciente de los pequeños “sonidos” que nos rodean, ... unos grillos, un tic-tac del reloj del Sr. que tenía dos puestos más allá ... fue un momento precioso que me hizo pararme y darme cuenta de lo importante que es cada uno de los momentos de nuestra vida, tanto, que no debo perderlos sino invertirlos...

                                                           María M. Hdez.

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