domingo, 4 de septiembre de 2011

Los Jedi, la mano de viento y el poder de persuasión.

Los Jedi, la mano de viento y el poder de persuasión.


Hace mucho que se habla en el mundillo de las artes marciales de la mano de viento. Sí, eso que hemos podido ver hacer en “Star Wars” “La guerra de las galaxias”, a todo Jedi que se precie. Por supuesto en la película, se hace muy pero que muy exagerado, en realidad no se desplaza a nadie hacia atrás, pero sí se le desequilibra en su avance; incluso a veces se le hace caer. Desgraciadamente esto, solo es un truco que se aprovecha de una combinación de nuestro instinto y de cierta sugestión inculcada al principio a quien se presta al “experimento”.


También se habla en muchas historias antiguas de cómo ciertos maestros convencían a alguien que quería cometer una maldad de que no lo hiciese, en otros textos se explica que llamaban a estos maestros para que hiciesen de mediadores en conflictos en los que los ánimos estaban más que caldeados y que todo el mundo salía contento. Por desgracia, aunque en este caso no se trata de un truco de prestidigitación tiene también ciertos limites que lo hace fácil de fracasar.


¿Por qué no funcionan estos métodos en un combate real? Pues porque sencillamente estos, dependen de que el adversario no tenga el “plan” de dañarnos realmente. El poder de persuasión, al igual que la hipnosis no puede hacer que una persona haga algo que no quiere hacer. Dicho de otro modo; no puedes plantarte delante de un señor con una navaja y decirle moviendo la mano tal como haría un Jedi: “Vamos déjalo, si tu no quieres hacer daño a nadie”. Porque si no se ha puesto delante de ti con arma en mano victima de una ofuscación, sino que está en sus planes apuñalarte... No te servirá de nada. Y otro tanto te ocurriría con la mano de viento. De nada te servirá extender tu palma hacia delante cuando el adversario que se abalanza contra ti y se encuentra a metro y medio o dos metros de distancia. Porque si en sus planes está por ejemplo darte en la cabeza lo más fuerte posible sin importarle lo que le pueda pasar... la famosa mano no te servirá de nada por muy bien que hayas aprendido el truco.


Tener un plan fijo anula bastante nuestro instinto de protección, y eso es lo que hace que estos y otros trucos fracasen.


Aunque no vi el combate del que voy ha hablar, mi amigo Jorge me lo narró con tanto detalle que me pareció estar allí:


El atacante que hacía poco o nada en protegerse se abalanzaba una y otra vez contra el defensor que le respondía asestándole dos o tres puñetazos y patadas en cada intento. Al final después de mucho intentarlo el atacante le agarro la pierna y le mordió y, en ese momento el defensor en lugar de intentar soltarse comenzó a darle fuertemente en la nuca con el puño. Entonces los demás intervinieron para que el atacante no acabase todavía peor. El saldo del atacante: numerosos golpes recibidos, dos costillas rotas, un ojo cerrado, la nariz torcida de por vida, y un par de dientes rotos de una patada que recibió después de morder al defensor. El defensor... un par de nudillos pelados y un mordisco de a penas consecuencias. LO CURIOSO, LO VERDADERAMENTE CURIOSO: Seis meses después nos lo encontramos mi amigo Jorge y yo por casualidad. Y el colega estaba pletórico. Se creía el claro vencedor de la pelea. Cuando nos fuimos le dije a Jorge todo indignado: “¡Pero será tonto el culo! Me dan ganas de atizarle yo también”. Jorge me respondió todo serio: “¿Por qué? Él tenía un plan y lo ha ejecutado. Si hubiese sido yo, le habría dado sólo un guantazo y no le habría dejado morderme y, hoy estaría todavía retorciéndose de rabia. Tu habrías hecho lo mismo que hizo el otro, dejarle que se acercara para poder darle lo más fuerte posible, y también te habría mordido. El tonto el culo serías tú”.


En este punto debería retroceder al “control de las emociones” y los “vampiros emocionales” Porque este tipo de personas son las más inmunes al poder de persuasión. En una ocasión en artículos anteriores. Dije de ellos: “Como todas las serpientes son inmunes a su propio veneno”. La verdad que ese comentario no es para nada desacertado. ¿Pero por qué ocurre esto? No es que no puedan apiadarse de nadie porque sean incapaces de tener ese sentimiento. Es simplemente que como el “atacante mordedor” del que os hablaba antes, tienen un plan y, si no estás en él, simplemente no existes, como no existían las heridas ni las secuelas del “mordedor”.


Al principio de comenzar a estudiar vampiros emocionales, me encontré con dos de ellos que destacaron de alguna manera sobre los demás: Uno era un chico de unos 24-25 años, que según nos contó casi llorando una noche, había sido abandonado por su novia dejándole sin coche y limpiando la cuenta del banco. Algo no me gustó de él desde el principio y decidí mantenerme a distancia y observar, al tiempo que anotaba todo en una vieja libreta. Mi amigo sin embargo, dueño de un restaurante se apiadó de él y casi inmediatamente comenzó a darle pequeños trabajos que hacer en su local y en el de muchos de sus amigos y, aunque en un principio me lo negó, le prestó una importante cantidad de dinero que por supuesto nunca le devolvió. Pero cuando realmente me di cuenta del tipo de persona que era aquel chico, fue cuando nos enteramos de los graves problemas familiares, de una chica de la cocina y todos hicimos el esfuerzo de animarla por todos los medios, incluso organizamos una pequeña colecta, nada grande, para intentar ayudarla. Este individuo, no solo pasó de darle siquiera una sola palabra de animo, sino que cuando se habló de la colecta desapareció. Cuando llegué a casa aquella misma noche escribí en la libreta: “como todas las serpientes, son inmunes a su propio veneno”. Hoy día debería haber escrito: “Lo que no está en su plan simplemente no existe”.


El otro vampiro era una chica de treinta años, aficionada a la marihuana. Con unos cambios de humor más que pronunciados. Me contó que su estado de animo se debía a que cuando ella era una adolescente su padre abandono a su madre para irse con una chica de su edad. La verdad que nunca investigué si era cierto, ya que para lo que estaba investigando no era importante, lo que se utiliza como un arma para cumplir un plan, puede ser real o ficticio, es indiferente. El caso es que estaba muy apegada a una pareja de amigos de los que a veces me hablaba genial, y otras me insinuaba que querían aprovecharse de ella (supongo que eso también estaba en su plan). Y un día dio un paso más para intentar enternecerme y, comenzó a utilizar la depresión mayor crónica de su amiga. Contándome toda su historia, finalmente se descubrió a ella misma. Era una historia realmente triste, me habría emocionado muchísimo, si no la hubiese contado con total carencia de emociones. Mientras me lo contaba de me decía a mi mismo: “Tu amiga no te importa una M, solo me estás contando esto porque forma parte de tus planes, sean los que sean". Por supuesto cuando volví a casa, escribí todo aquello en mi libreta y luego en mayúsculas y subrayado LAS SERPIENTES SON INMUNES A SU PROPIO VENENO.


Continuara...


J. R. Moreno.


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