martes, 7 de junio de 2011

COMO VALORAR ACTITUDES.

   Cada vez que echamos un vistazo a alguien que acaba de hacer algo que nos desagrada nos ocurre lo mismo: "Estamos valorando racionalmente una actitud". El resultado suele ser que cuando tomamos una decisión al respecto lo hacemos entonces de forma emocional. Justo al revés de como debería ser.


Cuando por el contrario somos capaces de valorar la motivación de los actos del otro como algo emocional; las decisiones que tomamos al respecto suelen ser más racionales y, por lo tanto mucho más acertadas.

La forma más común de rebatir lo que acabo de decir es, que si por ejemplo: El comportamiento anárquico y dañino de alguien es el problema, tanto si buscamos en él, motivaciones emocionales como racionales, el resultado será el mismo; "debemos alejarnos de esa persona tanto como podamos". Y sí, el resultado desde un punto de vista racional viene a ser el mismo, pero no lo es desde un punto de vista emocional. Ya que cuando tomamos el camino correcto, nos vemos libres de la mayor parte de la carga de emociones negativas que cuando lo hacemos incorrectamente.

Valorar, qué quiere y por qué, una persona en particular es el gran error de los listillos. Deberíamos preguntarnos siempre por el estado emocional en que se encuentra. Esa información es siempre mucho más importante, ya que una persona inestable emocionalmente suele cambiar de objetivos con la velocidad del rayo. Sin embargo, una vez que hemos valorado a alguien emocionalmente podemos tomar una decisión al respecto mucho más acertada.

La seguridad que suelen mostrar ciertos deportistas, vendedores, políticos etc, suele tener más que ver con su estado emocional que con el plan que se hayan trazado. Contrariamente a lo que piensa mucha gente, el mantenerse firme en una empresa, no habla de estabilidad emocional, sino más bien de miedo a que el reconocer errores les convierta en personas más débiles, lo que a la postre les convierte también en personas des las que deberíamos alejarnos.

La actitud adecuada tanto para nosotros como para los que nos rodean, debería ser firmeza, sí, pero, una firmeza que no nos impida aceptar que podemos perder, aun cuando lo estemos haciendo todo bien y, que podemos ganar aunque nuestro momento de forma o nuestra estrategia no sean los mejores.

Un referente máximo de lo que acabo de decir seria la actitud del gran Rafael Nadal en la pista: Durante el partido, todos tienen buenos y malos momentos, pero Rafa es sin duda el que mejor se recupera, quizá porque su estado de forma, incluso su motivación, pueden variar, pero nunca lo hace su actitud, firme, con las revoluciones justas, lo que no le hace cambiar de estrategia a la primera, cuando algo le sale mal (como hacen otros muchos), y que tampoco le impide hacerlo, cuando ve que es la mejor solución para intentar ganar.

A veces no se trata de ganar, sino de convivir, pero en ambos casos conocer el estado emocional del otro es sumamente importante para no caer en el error de ser demasiado brusco, o demasiado blando según los casos.

No es fácil, o mejor dicho, si es fácil, pero necesita un tiempo de entrenamiento más o menos largo, él poder valorar las acciones de los demás de esta manera, sinembargo, las ventajas que nos supone tanto en la convivencia normal, como en la práctica de deportes o artes marciales, son realmente muchas.

J. R. Moreno.

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